Magdalenas, muffins y cupcakes

¿Un cupcake no es una magdalena decorada?
¿Y un muffin? ¡Una magdalena grande!

Estos tres dulces son parecidos pero no son para nada iguales, o mejor dicho, no “deben” serlo, si se hacen bien.

Se asemejan porque comparten ingredientes: huevos, azúcar, harina, grasa (aceite, mantequilla, manteca), levadura y lácteos (leche, yogur, nata).
Pero, ni llevan las mismas proporciones de esos ingredientes, ni se mezclan igual, ni se preparan de la misma forma. Por tanto, el resultado es diferente.

Magdalenas

Las magdalenas provienen de la región de Lorena en Francia. Originalmente tenían forma de concha y con el tiempo se empezaron a elaborar en las cápsulas de papel que se usaban para muffins y cupcakes.

La receta tradicional lleva huevos, azúcar, mantequilla, harina, leche, levadura y limón.
Las magdalenas llevan más azúcar y huevos que los muffins y cupcakes y, en la mayoría de las ocasiones, se ha sustituido la mantequilla por aceite para hacerlas más ligeras.

La masa de las magdalenas se mezcla batiendo bien todos los ingredientes hasta obtener una masa homogénea, así la levadura actúa por igual en todo el volumen, la masa se infla y sube bastante al hornearse. El resultado es un bizcocho muy esponjoso y con copete, normalmente, a mi me salen sin copete pero riquísimas igualmente.

Muffins

Muffins de manzana

La palabra proviene del inglés moofin, que a su vez proviene del francés moufflet (pan suave) o del alemán muffe (pastelito). Parece ser que el muffin que conocemos hoy en día surgió en Estados Unidos como una adaptación del pan inglés.

Para los muffins la cantidad de azúcar y huevos es menor que las magdalenas y se les añaden otros ingredientes como frutas, chocolates, yogures o incluso, ingredientes salados.

La forma de mezclar los ingredientes también es diferente: por un lado se mezclan los ingredientes secos y por otro los líquidos, añadiendo éstos a los primeros mezclando de forma suave, sin batir, obteniéndose una masa que debe quedar algo heterogénea. De este modo, al hornearla sube menos y queda un poco menos esponjosa que las magdalenas.

Que sean menos esponjosos no quiere decir que queden secos, para nada, son más compactos pero no “gollipones” (me encanta esta palabra, no la había oído hasta que conocí a mi marido, onubense, y es que es perfecta para definir cuando una masa se te queda cogidita a la garganta y cuesta echarla para abajo, tragando con el movimiento de cuello y cabeza de un pollo o tomando gran cantidad de algún líquido que al final hace que te engollipes más).
Lo digo por si la idea que tenéis de muffin es de haberlos probado en alguna cadena de cafeterías o de los industriales de supermercado, que cuesta trabajo tragarlos de lo secos que están, pues eso no sé lo qué es, pero no es un muffin.

Cupcakes

Los cupcakes (pasteles de taza literalmente) son pequeñas tartas individuales. Su denominación parece venir de la cantidad en partes iguales de cada ingrediente y la forma de medirlos, en cups (tazas); también se dice que son heredados de la tradición anglosajona de hornear cakes (pasteles) en cups (tazas). En otros sitios he leído que los cupcakes son genuinamente americanos y se consideran como representativos del espíritu “retro” de los años 50 en Estados Unidos.

La masa que se utiliza es la misma que en las tartas. Se echa mucho más azúcar que en los otros dos dulces, se utiliza mantequilla en vez de aceite y lo más habitual es darles sabor con todo tipo de ingredientes y aromas, vainilla, limón, canela, purés o trozos de frutas, chocolates,…

Además se pone mucha menos cantidad de masa por cápsula. En los cupcakes la masa debe quedar al ras de la cápsula, o sobresalir muy poquito; al contrario que las magdalenas, de las que queremos que tengan algo de copete, y que los muffins, que esperamos que se desborden.

Y la mayor diferencia a simple vista es la decoración de los cupcakes, son los más adornados de los tres. Se decoran, incluso se rellenan, con distintas cremas como, buttercream (crema de mantequilla), crema de queso y azúcar, ganaches, etc.; se ponen adornos de todo tipo y se cubren y decoran también con fondant.

Estos pasteles son una buena alternativa a la tarta completa, se preparan más rápido que una tarta común, no hace falta hacer porciones individuales, lo que me encanta, dada mi poca traza a la hora de partir los pasteles, que hacerlos muy bien, pero “deshacerlos” mira que me cuesta.

¿Con cuál os quedáis? ¡Yo con los tres!

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