Mercadillo benéfico de dulces

Ayer hubo un mercadillo benéfico en Valdemoro, el pueblo donde vivo. Era un mercadillo de dulces y su función era recaudar fondos para una la ONG Amigos de Julián.

Julián Nicolás es un sacerdote valdemoreño que en 1993 partió hacia Brasil para comenzar las labores de construcción de un centro que albergaría a 50 niños de las familias más necesitadas de la zona. Desde entonces han desarrollado numerosos proyectos para intentar disminuir la mortalidad infantil, no sólo en Brasil, si no en otros muchos países.

Desde Valdemoro, familiares y amigos empezaron a organizar algunas actividades para recaudar fondos para poder realizar estos proyectos y así se creó la ONG Amigos de Julián (http://www.ongamigosdejulian.org)

Todos los años se celebran varios mercadillos, de plantas, libros, juguetes, dulces, para recaudar fondos, donde los valdemoreños colaboramos tanto llevando productos como adquiriéndolos.

Este es ya el segundo año que colaboro con el mercadillo de dulces, el año pasado hice algunos bizcochos y galletas y para éste me decidí a preparar unas cookies, brownies, cheese – brownies y algunas piruletas de galletas con fondant.

Un poco antes de las diez de la mañana estábamos allí mi marido, mi hija y yo para llevar los dulces y lo que más nos impresionó fue el espíritu de solidaridad que había, que incluso en esta época tan mala que nos está tocando pasar, se intenta hacer fuerza por salir y tratar de echar una mano a quienes más lo necesitan.
Me quedé sorprendidísima al ver la cantidad de gente que llegaba portando bandejas tapadas con papel de plata ofreciendo lo que mejor sabe hacer por una buena causa.

Además de la fortaleza de las organizadoras, que con el frío que hacía allí estaban aguantando el tipo en una plaza sombría y en la que corría un viento gélido que entumecía las articulaciones.

Los dulces que había allí se ganaban una a una las letras del término “casero” que hoy tanto se usa, eran los pasteles y bollos tradicionales de las abuelas, pestiños, torrijas, rosas, buñuelos, bizcochos, tartas de manzana y, aunque no tienen la apariencia de un cupcake o una tarta de fondant, saben estupendamente, porque son recetas que se han ido mejorando con el paso de los años, y han pasado muchos años desde que se inventaran.

El resultado fue un éxito, se vendió todo rapidísimo ayudando, sobre todo, que los precios eran muy bajos para que todo el mundo pudiese tener una auténtica merienda casera de domingo por la tarde.

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