Red Velvet (sin gluten)

Porque una vez al año no hace daño, vamos a darnos el gustazo de comernos una deliciosa Red Velvet.

¿Conocéis esta tarta?

Super esponjosa, suave y deliciosa, es un clásico de la repostería americana.
Su color rojo y textura aterciopelada (de ahí su nombre, terciopelo rojo) lo hacen un dulce exquisito.

Y en cuanto a su sabor, difícil describirlo, hay que probarlo.
Lleva chocolate, pero no sabe a chocolate exactamente, es un gusto entra la vainilla y un chocolate suave muy muy suave.

No os resistáis a probarlo los que no os guste el chocolate porque de verdad que es un sabor peculiar, delicado y delicioso.

Tradicionalmente se rellena y cubre con un frosting de crema de queso, que le da más jugosidad a la tarta y que combina estupendamente.

Esa textura aterciopelada que debe tener este bizcocho, resulta ardua tarea conseguirla al hacerlo sin gluten.
Ya sabemos lo que nos pasa con nuestras masas sin gluten, suelen ser más secas, compactas y se desmigajan más que las glutonianas.

Para evitar estos pequeños inconvenientes, he conseguido varios truquillos:

– La mezcla de harinas sin gluten que vengo utilizando últimamente (arroz, fécula de patata y tapioca). Da un resultado espectacular. Mirad esta carrot cake, tenéis la receta aquí

– Utilizar buttermilk. Es un suero de leche que aquí no es tan fácil de encontrar pero que podéis hacer fácilmente y con ingredientes que seguro tenéis en casa, leche y vinagre o zumo de limón. Luego lo vemos en la elaboración.
– Usar goma xantana, una poquita nada más. Hace que no se desmigajen tanto.

Pues vamos allá con la receta.

Ingredientes (para un molde de 20 cm – 8″)

Para el bizcocho:
• 185 g de harina de arroz
• 62 g de fécula patata
• 33 g de tapioca
• 54 g de maicena
• 1 cucharadita de goma xantanta
• 1 cucharadita de sal
• 1 y 1/4 cucharaditas de levadura en polvo (polvo de hornear)
• 1 y 1/4 cucharadita de bicarbonato
• 30 g de cacao en polvo sin azúcar
• 154 g de mantequilla sin sal, a temperatura ambiente
• 250 g de azúcar (blanca o moreno)
• 3 huevos L a temperatura ambiente
• 5 gotas de extracto de vainilla puro
• 1 y 1/4 cucharaditas de vinagre de manzana (o normal)
• 200 ml de leche a temperatura ambiente
• Colorante alimentario rojo (en pasta, gel o polvo)

Para la crema:
• 300 gr de queso crema, tipo Philadelphia.
• 150 gr de azúcar glas o icing sugar.
• 300 ml de nata para montar (mín. 35% M.G.) muy fría (yo la meto en el congelador cuando empiezo a preparar el bizcocho)
• 1/8 cucharadita de cremor tártaro (opcional, sirve de estabilizante para la nata y ayuda a que no se baje)

Elaboración:

Precalentamos el horno a 180C.

Para preparar el bizcocho:

Echamos una cucharadita del vinagre en la leche y dejamos reposar mientras preparamos el resto. Así conseguimos hacer una buttermilk. Veréis que parece como que cuajase un poco.

Tamizamos y mezclamos bien en un cuenco todas las harinas, la goma xantana, la sal, la levadura, y una cucharadita del bicarbonato y el cacao.

En el bol de la batidora echamos la mantequilla y batimos a velocidad media unos minutos hasta que esté cremosa.

Añadimos el azúcar y batimos de nuevo, a velocidad media, hasta que esté bien integrada con la mantequilla.

Añadimos los huevos y la vainilla y batimos a velocidad media.

En la media cucharadita de vinagre que nos restaba, echamos el 1/4 de cucharadita de bicarbonato que nos faltaba.
Empezará a burbujear y lo añadimos de inmediato a la mezcla que tenemos en la batidora y batimos a velocidad baja.

La mezcla puede parecer que se corta, pero está bien así.

Vamos añadiendo los ingredientes secos que teníamos tamizados y mezclados, alternando con la buttermilk (la leche que habíamos mezclado con el vinagre), empezando y terminando con los secos y batiendo en cada adición.
Es decir, añadimos a la mezcla que tenemos en la batidora como 1/3 (a ojo) de los ingredientes secos. Batimos. Vertemos la mitad del buttermilk. Batimos. Echamos otro tercio de los ingredientes secos. Batimos. Incorporamos el resto de la leche. Batimos. Terminamos con los ingredientes secos y batimos.

Ahora añadimos el colorante. Vamos echando poquito a poquito hasta conseguir el rojo deseado. No os puedo decir cantidades porque depende mucho del tipo y marca de colorante que uséis. Yo uso en polvo y voy añadiendo a puntitas.
Batimos hasta que integre homogéneamente el colorante y listo.

Engrasamos el molde que vayamos a usar.

Metemos al horno, a 170C, en el medio, calor arriba y abajo, durante unos 45-50 minutos. Lo de siempre, el tiempo varía de un horno a otro, tenéis que conocer bien el vuestro. A los 40 minutos pinchad con un palillo para ver cómo va. Cuando el palillo sale limpio es que está listo.

Sacamos del horno a una rejilla. Dejamos 10 minutos y desmoldamos. Dejamos enfriar completamente sobre la rejilla.

Para preparar la crema:

Batimos el queso un poco, hasta que esté cremoso.

Añadimos el azúcar glas y batimos hasta que esté integrado.

Agregamos la nata, muy fría, y el cremor tártaro, y lo batimos todo a velocidad alta hasta que monte, con cuidado de no pasarnos.

Montaje:

Una vez que el bizcocho esté frío lo laminamos/cortamos en dos capas.
Lo mejor es preparar el bizcocho de un día para otro. Y para conservarlo bien jugoso lo envolvemos, estando caliente todavía, en papel film y lo guardamos en la nevera directamente.

La parte de arriba, el copete del bizcocho, que nos sobre al laminarlo, lo reservamos.

Colocamos una capa de bizcocho, extendemos una capa de crema de queso encima, otra de bizcocho y otra de crema.

Podéis dejarlo así, o cubrirlo entero de crema por los laterales, al gusto.

Del copete del bizcocho, cogemos miguitas, de la parte interior, no de la de fuera más tostada, y las vamos espolvoreando por encima de la tarta para decorarla.
Y listo y ¡a disfrutar!

Con este post participo en el reto de Facilísimo “Recetas sin gluten”, propuesto por el blog Recetario Sano.

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